Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
También está disponible en inglés, catalán y gallego.
(vía Kirai, Microsiervos, Menéame, Enrique Dans)
La discusión sobre la existencia de Dios lleva milenios en el aire, con sus fervientes admiradores decididos sacrificar todo y a todos con tal de imponer su punto de vista. Panda de becerros.
Analicemos fríamente:
El primer punto es bastante simple. Nuestro conocimiento surge de la diferencia, es por definición imposible distinguir algo que no es comparable con algo otro. El concepto de Dios único precisamente dice que es único incomparable, por lo tanto incognoscible e irrelevante.
Sobre el "pienso luego existo" mucho se ha hablado, en tiempos en los que nadie se planteaba que pudiésemos ser una representación más o menos aleatoria de bits sobre una cinta de datos. Calculados una vez, simulando una vida completa de recuerdos. Incapaces de pensar, salvo de aparentar haber pensado tras ser reescritos de otra forma. El pensamiento no es un axioma fiable, y menos fiable aún es la realidad que nos rodea.
Existimos -si es que- en un estado de desfase respecto a la experiencia, incluso a la de nosotros mismos. Desfase que en sí es la esencia misma de la consciencia, desfase que nos permite vernos a nosotros mismos... y al mismo tiempo impide asegurar que lo que nos parece experimentar seamos precisamente nosotros.
Si unimos ambos puntos, llegamos al tercero, a una completa contradicción de falacias mutuas. Un concepto -Dios- basado en premisas que se niegan a sí mismas, adornadas con atributos imposibles.
Hablar sobre Dios tiene tanto sentido como discutir sobre qué número calza el gnomo que vive al otro extremo del arco iris.
Jarfil
(*)
No se puede decir nada con sentido, sobre algo cuya definición misma se apoya sobre premisas sin sentido.
Eso en cuanto a religiones monoteístas con excesivo afán de grandeza. Más razonables son las politeístas, con dioses mayores y menores un poco más humanos, que por lo menos podemos suponer exraterrestres... o dibujar como héroes con superpoderes en un comic ![]()
(*): por definición todos los "extremos" de un arco iris están a la misma distancia del observador, por lo que es imposible hablar de "este" o de "el otro"... aparte de que todos ellos son una mera ilusión, y los gnomos no existen.
Visto en un trozo de papel que repartía un chico negro a la entrada del Metro de Bilbao:
Claramente, alguien sabe escribir, centrar textos, e imprimir con el PC, pero... ¿no sabe pasarle el corrector ortográfico? ¿o prefiere dejarlo mal para que dé más pena?
Hm...
(transcripción tras el salto)
Hoy, querido lector, vamos a dar la bienvenida al 20 de Noviembre de 2008 del 22 de Septiembre de Diciembre de 2007... WTF?!
Veamos por partes:
El hecho de que arriba ponga "Hostalia" y abajo "Acens", sería pasable. Que transfirieran los datos personales de una a otra, también, es lógico. Que el servicio de una sea carillo, y el de otra poco menos... pues bueno, también, que el servicio no es gratis.
Pero que tarden 6 meses para enviar una carta que tarda 2 meses en llegar, para decir algo que ya se sabía... en fin, suena un poco a cachondeo. Me pregunto si tardarían lo mismo en resolver problemas con los servidores, ahora que les tira de los hilos un fondo de inversión para el que los clientes son poco más que números ![]()

Con el revuelo de los Colegios Informáticos, las atribuciones, competencias, el no-revuelo del Convenio, y los intereses creados en titulaciones, matricula, huelgas, manifestaciones y tocarse las pelotas, puede resultar complicado aclararse de qué va el tema.
Para hoy, 19 de Noviembre de 2008, había ¿convocada? una ¿huelga? de ¿informáticos?
Pues parece que ni estaba convocada (oficialmente), ni era una huelga (sino una manifa), ni se termina de saber muy bien qué "informáticos" debían secundarla; si todos -como decían algunos- o si sólo los ingenieros colegiados -como al de un rato decían los mismos- o también incluídos los estudiantes -que a saber qué pintaban.
Tal vez la situación se pueda comprender viendo algunos ejemplos relevantes:
En una palabra: descojono ![]()
Por suerte, no todo está perdido. Cortesía de Ricardo Galli, en su blog, tenemos un post, artículo, o como quiera que se llame, bien trabajado y documentado sobre las bases del actual jaleo. Para más facilidad, ahí va con algunos enlaces secundarios relevantes:
A ello podríamos añadir el blog/página/artículo/algo de:
Y con todo, hacernos una idea bastante clara de qué va todo esto, evitando los barrizales de discusiones faltas de lógica. Las cuales, irónicamente presentes entre profesionales de la lógica, parecen crecer como setas sobre la mierda ![]()
Disclaimer: tras alguna discusión sobre el tema, he llegado a la conclusión de que personalmente me la trae floja la regulación o no, en España o no, de la Informática o no.
"Have Slide Rule, Will Travel!"
Con este eslogan, animaba un fabricante de reglas logarítmicas a sus potenciales clientes de los años 1960.
Da qué pensar. Un mundo donde la regla logarítmica era el invento más puntero para realizar cálculos simples a gran velocidad. Multiplicaciones y divisiones principalmente, aunque también alguna exponenciación y raíz.
Esto es, cálculos aproximados, con una tasa de error que se iba acumulando entre cálculo y cálculo. Todo eso que hoy haríamos con una simple calculadora, o mejor aún con un simple programa de calculadora en el PC, por aquél entonces era un ir y venir de la regla de cálculo. Con un error cada vez más grande.
Da qué pensar. Sólo hace 50 años no había calculadoras. Sólo hace 50 años el mundo iba a paso de tortuga, abriéndose camino a duras penas en la carrera tecnológica. Un mundo de inexactitud, de suciedad... de barbarie.
Hoy pensamos en miles de millones de cálculos por segundo, con exactitudes en decenas y cientos de decimales. Casi ni nos preocupamos por el error, relegado a una escala microscópica, a veces incluso subatómica.
No es de extrañar que la ciencia ficción sea cada vez más difícil de crear. En un mundo donde la realidad ha alcanzado tal grado de perfección que cualquier idea, por descabellada que parezca, puede ser o realizada, o directamente rechazada como imposible. Cuando ya no vale la pena plasmar imaginaciones abstractas, cuando es más fácil ponerlas a prueba, directamente en la práctica.
Bonus: para quien no lo conozca, el eslogan es un guiño al título del libro Have Space Suit—Will Travel de Robert A. Heinlein, autor al que he tenido el placer de leerme, salvo alguna paranoia repetitiva, que a su vez era un guiño a la serie de TV Have Gun – Will Travel de los años 1950-1960.
(vía Menéame, Dark Roasted Blend)
Hace años, cuando empezaba por esto de Internet, no conocía a nadie. Ninguna web, ni forma de encontrar a nadie.
Eso me hizo pensar.
¿Cómo encuentras a alguien que quiera que le encuentres?
Tenía amigos en el colegio, y alguno fuera de él. Conocidos, conocidos de amigos o conocidos... y poco más. Pero sabía que Internet estaba lleno de gente... ¿¿dónde estaban todos??
Por aquél entonces no había foros -lo más cercano eran las news- ni blogs, ni nada de lo que ha ido surgiendo con el tiempo. Ni siquiera existía Google, y los buscadores eran bastante peores que lo que tenemos ahora.
¿Cómo te encuentra alguien, que quieres que te encuentre?
La navegación por la red se basaba más en seguir enlaces de una página a otra, que en buscarlos por palabras clave. Era la época dorada de Yahoo!, Ozú!, y otros muchos directorios temáticos de páginas web. Podías entrar en un directorio de esos, y pasarte horas y horas buscando algo que te interesara.
De ahí surgiría la primera idea:
Para que te encuentren, necesitas ofrecer algo que quiera encontrar alguien a quien quieras encontrar.
Entonces el objetivo era aparecer en un directorio, o al menos que alguien que apareciese en él te enlazara. Las primeras páginas de Geocities eran una especie de directorio, ordenadas en secciones más o menos "temáticas". Política, ciencia, mascotas... podías encontrar personas con intereses afines, una especie de comunidades rudimentarias.
Luego entró en escena Google, y el mundo cambió. Podías escribir cosas interesantes (o que te parecieran interesantes) directamente en la web, y casi como por arte de magia te encontraba gente a la que le interesaba lo que te interesaba. Igualmente, buscando en Google, podías encontrar a gente a la que le interesaba lo que te interesaba. Una gran revolución. También surgió el concepto de posicionamiento web.
O podías escribir en las news, o en listas de correo, donde la gente estaba por definición interesada en lo que decías. Hasta que empezó a degenerar y el ruido debido al spam y a los trolls se hizo insoportable. Entonces surgieron los foros, donde era posible moderar, editar o directamente eliminar el ruido de las conversaciones. Aunque más adelante muchos terminaran degenerando en "foros de ruido", llenos de animaciones, competiciones de quién la tiene más larga, y demás banalidades. Por lo menos ahora podías elegir si te gustaba eso o no, si seguías tal foro o tal otro.
Por otro lado, las webs personales se convirtieron en blogs, y algunas en wikis. La comunicación se hizo más fluida, aun entre perfectos desconocidos. De hecho, cuanto más desconocidos, más fluida parecería la conversación. Todavía persiste el atavista sentimiento de "ay qué dirán... paso de escribir y que me critiquen". El miedo a hacer el ridículo, a mostrarse tal cual uno es.
Lo cual entra en conflicto directo con la cantidad de estupideces que personas -de otro modo racionales- son capaces de escribir de forma anónima. El anonimato libera, tanto en lo bueno como en lo malo.
No me critiques, no me conoces.
Esta lucha constante, la dualidad entre la impunidad del anonimato y la búsqueda del reconocimiento en los demás, el encuentro y las amistades, controlan las acciones incluso de quienes se declaran más inmunes a estos conceptos. Es algo inherente al ser humano, tirar la piedra y esconder la mano... salvo que los demás aprueben el haber tirado la piedra.
Aún así, algunos elegimos mostrar las manos tal cual, pues valoramos más el que nos encuentre quien nos quiera encontrar, que el que nos aplauda quien quiera que tiremos piedras.
El tiempo se encargará de demostrar si es una estrategia acertada o no a largo plazo. Por ahora, parece bastante buena idea.
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