Estos días Grecia anda revuelta. Que si déficit público, que si cuentas manipuladas, que si al borde de la bancarrota, que si manifa día sí y día también. La lucha del pueblo contra el estado... ¡y una mierda!
Pero pongámonos en antecedentes:
Ahora... viene el problema: ¡el estado está al borde de la quiebra! (¡sorpresa...!
)
Así que, el nuevo gobierno instaura unas "medidas de austeridad":
Consecuencias... ¡huelga!
Léase: típica utopía de típico anarquista, que no sabe dónde tiene el culo y dónde la cabeza, pues solo piensa en armar jaleo... aunque sea en contra de unas medidas que precisamente van en la línea de su (supuesta) ideología.
En fin. A ver si consiguen cambiar de mentalidad y aprenden a comportarse, y si lo consiguen a tiempo. Que cambiar la mentalidad de una sociedad se suele contar en generaciones, no en años.
- Oiga, ¿me da un horo para lo médique?
- ¿Perdón?...
- Sí, que si me da un cito o cita con lo médique, que creo que tengo gripo o gripa.
- O sea, una cita con su médico de cabecera.
- Bueno, yo no sé si tiene polla o coño. Pero sin discriminaciones, joder, usted deme un cito o cita de una puta vez, que ya me pasaré cuando me salga de los cojones.
(toda coincidencia con la realidad es pura corrección política)
Estos días, entre que si la "ley del aborto" y los amigos anti-abortistas por decreto divino, estamos viviendo una de las mayores manipulaciones informativas de los últimos siglos.
El problema no es el "derecho a abortar", ¡sino el derecho a tener hijos!
Aborto libre, SÍ
Reproducción libre, NO
Para los defensores del "creced y multiplicaos", supone una bofetada en toda la cara el pensar que alguien pudiese ver con malos ojos esa multiplicación. Al fin y al cabo, su vida, sus ingresos y su percepción moral de sí mismos, depende de la cantidad de creyentes que consigan generar. La mejor forma de conseguirlos, ofreciendo hospicios y albergues en los que adoctrinar mentes de huérfanos, pobres y gentes desesperadas, a cambio de una limosna o dos que permita sobrevivir y difundir las bondades de la palabra divina.
Esos intereses, llamémoslos reproductivistas, chocan frontalmente con la realidad de un año como... digamos 2009.
A día de hoy, con nuestro afán por erradicar la pobreza, las plagas y las periódicas masacres masivas en tal o cual guerra, hemos conseguido que la población mundial crezca hacia límites insospechados. Peor aún, gracias a los reproductivistas, que enfocan su mensaje a los países más pobres, tenemos una cada vez mayor desigualdad social, generadora de tensiones internacionales y sociales a escala mundial.
Mientras, en los países desarrollados, disfrutamos de servicios sanitarios, ayudas educativas, e incluso ayudas financieras para la supervivencia básica... todo ello costeado de nuestro bolsillo, de quienes trabajamos en estos países.
Cada niño nuevo, nos cuesta dinero.
¿En caso aborto? ¡Nos ahorramos dinero!
Alguno dirá que si la productividad, cuando nos negamos a pagarla a precios locales, prefiriendo importar lo que produzcan nuestros esclavos extranjeros. Otro defenderá el derecho a la protección del ser humano, como contrato social necesario para la convivencia, obviando el detalle de que no hay convivencia social alguna con un no-nato.
La realidad es que los reproductivistas claman al cielo, en un intento de desviar nuestra atención del auténtico problema: el derecho a procrear. Y es que, no, no todas las personas deberían tener derecho a procrear. Mucho menos a criar sus procreaciones.
¿Derecho a abortar? Lo que no forma parte de la convivencia social, no va a afectar a la sociedad, por tanto a mí tampoco.
¿Introducción de individuos nuevos en la sociedad?... Ah, eso sí es algo que me afecta, que voy a tener que pagarlos y convivir con ellos.
Es en los nacimientos donde deberíamos andarnos con mano dura, no en los abortos. Exigir pruebas de capacitación parental, realizar seguimientos y exámenes de rendimiento, así como exigir un informe de cuentas detallando a qué se destinan exactamente los recursos que como sociedad invertimos en nuestra descendencia.
Quien no cumpla, fuera hijos.
Que no estamos como para despilfarrar recursos en permitir a una banda de fanáticos saltarse los derechos y libertades de los hijos que nuestro dinero les permite tener.
Alguno nos cuenta que SETI ha detectado un pulso láser de origen extraterrestre, ¡los aliens nos hablan!
O eso dirá más de uno, mientras más de otro se apresura a negar tal posibilidad. "Estamos solos en el universo", dirá, mientras otro más salta con algún manido "Dios nos...(blabla)". Mientras, la realidad, es mucho más divertida, interesante e intrigante, con muchos más misterios y horizontes mucho más amplios de los que cualquiera pudiera imaginar.
Lo que conocemos hasta ahora, nos acerca un poco a la respuesta de si alguien nos está hablando. Pero no nos la muestra. Ni siquiera sabemos suficiente para acercarnos a una estimación, a decir "es probable" o "es improbable".
Por ahora, sabemos que:
El avance tecnológico, el discernimiento de los fundamentos del universo, la ciencia, todos elementos inevitables inscritos inicialmente en las reglas físicas universales.
¿Existen, existieron y/o existirán, inteligencias extraterrestres? Sí.
¿Pueden venir a la Tierra?... esta es la pregunta más interesante, a la que debemos responder "no sabemos".
Muchos están tentados de responder con un "no" categórico. Toda la experiencia científica que poseemos hasta el momento, indica que es poco factible atravesar las distancias que separan unas estrellas de otras. Menos probable aún, es que una inteligencia dedique recursos, necesarios para su supervivencia, la búsqueda de la cual es un condicionante evolutivo indispensable para su existencia en primer lugar, para buscar inteligencias en otros sistemas. Inteligencias que en primer lugar compartirán buena parte de sus mismos condicionantes, y que en segundo apenas puedan aportar nada a la supervivencia de su propia especie.
Esto dentro de nuestro conocimiento científico... el cual innegablemente es incompleto.
No podemos descartar que en alguna de las lagunas, o mares enteros, de conocimientos por descubrir, surja la solución al viaje interestelar de forma práctica para la supervivencia de la especie. Ni que otras inteligencias lo hayan descubierto ya, o estén a punto de descubrir. Con una probabilidad absolutamente desconocida con la que cuantificar la probabilidad de dicho descubrimiento.
Solo podemos decir "no sabemos", igual que podemos responder a la pregunta de si el gato de Schrödinger está vivo o muerto dentro de una caja que no sabemos si puede o no existir.
Relacionada: Que no se nos vaya la olla con los marcianitos.
Solemos analizar los sistemas socio-económicos desde el punto de vista de "qué es lo mejor para la sociedad". Este punto de vista es muy honorable, muy positivo al ser nosotros parte de la sociedad... y muy ingenuo. Es muy complicado -por no decir imposible- decidir qué es mejor para la sociedad en sí, dada su variabilidad y libertad en la elección de criterios por los que valora sus propios logros.
Resulta mucho más fácil valorar el "qué es lo menos malo":
Lo menos malo, es lo que hace que haya menos malo.
Por naturaleza, somos hijos de puta, cortesía de millones de años de lucha por la supervivencia. El resto... han muerto por el camino, o lo harán pronto. Claramente es lo que nos ha permitido sobrevivir, por lo que muy malo no debe ser. Aunque, por otro lado, a nadie le gusta vivir rodeado y controlado por hijos de puta... consecuencia lógica de intentar ser cada uno el mayor hijo de puta del barrio.
Así que, podemos concluir que los hijos de puta son malos. A cada uno nos beneficia más que sólo haya uno, uno mismo... o al menos que los otros no nos afecten.
Lo menos malo, es que los hijos de puta nos afecten menos.
¿Cómo conseguirlo?
Alguien que no es hijo de puta, no tiene posibilidades ante un hijo de puta; el segundo se lo comería vivo. Hay que ser hijo de puta para combatir a los hijos de puta... lo cual nos plantea un dilema: ¿cómo combatir a los hijos de puta sin convertirse uno mismo en hijo de puta? No es posible.
La solución, otra vez sencilla: que se combatan entre sí.
Lo menos malo, es que los hijos de puta se muerdan entre sí y nos dejen en paz
Llegamos a otra paradoja: para que los hijos de puta no nos afecten, necesitamos que haya muchos hijos de puta luchando entre sí. "Divide y vencerás", que decían. Cuanto más se dediquen a morderse entre ellos, cuanto más miedo se tengan los unos a los otros... menos pendientes estarán de putear a los que no son como ellos.
Aplicándolo a la socio-economía:
Aquí, un apunte: mucha gente confunde el capitalismo con eso que llaman "capitalismo salvaje", donde unos pocos hijos de puta se hacen con un mercado y se dedican a putear a todo el mundo. Un capitalismo democrático (de muchos hijos de puta) tendrá establecidas leyes -creadas por la mayoría de hijos de puta- que dificultan a un solo hijo de puta hacerse con demasiadas partes del pastel... para putearle, y para evitar que pueda putear a los demás. Los casos de "capitalismo salvaje" son precisamente aquellos donde se reduce el número de hijos de puta capitalistas hasta una cantidad peligrosamente baja.
De todo esto, podemos sacar varias conclusiones:
Desgraciadamente, a muchos les disgusta el término "hijo de puta", por ser -supuestamente- despectivo en vez de simplemente descriptivo. Estos pobres hijos de puta, confundidos sobre la realidad de lo que les rodea, muchas veces con el cerebro lavado por otros hijos de puta, acaban siendo incapaces de analizar la realidad desde una perspectiva tan simple como la arriba expuesta. En vez de eso, se inventan explicaciones sobre qué es "lo mejor", qué es "lo correcto", y otras fantochadas similares con las que acaban puteándose a sí mismos y a los que les rodean.
Por eso, recuerda: ten siempre claro lo que eres, ¡no te avergüences!... hijo de puta. ![]()
Python es un lenguaje de programación bastante majo, pero con un fallo de base: está orientado al ámbito educativo. Todos los problemas que presenta Python, surgen de este afán educativo.
Y por mucho que soporte funciones lambda, paso de parámetros por nombre, y todos los programas sean inherentemente "fáciles de leer"... me da una sensación tipo odio visceral.
O sea, no es que me niegue a programar en Python, que vamos, mejor que peor se pueden hacer cosas muy guapas. Lo que pasa es que rara vez sería mi primera elección, y se me enciende como una gran luz roja de alarma cuando alguien me habla de mantener algo hecho en Python.
Estos son los motivos:
Python "incluye pilas"
Significa que lo máximo posible está hecho en Python. Incluso llamadas a funciones simples, que otros lenguajes traducen a llamadas a funciones en C o ensamblador, en Python están hechas en Python. Muy educativo... y muy poco eficiente.
No, en serio, es algo así como la antítesis de la optimización.
Sintaxis bonita a la fuerza
El arte de programar, aparte de la ciencia de programar, se llama arte porque el código resultante debe ser "bonito a la vista". Es otra forma de decir "fácil de leer" o que se pueda ver de qué va el tema con solo echar un vistazo, sin necesidad de realizar un análisis lógico-formal del código en sí. No es fácil conseguir código a la vez científicamente correcto y artísticamente bello, pero quien lo consigue es instantáneamente reconocido como un gran programador.
O eso debería ocurrir, porque en Python ¡todo código es igual de bonito!
Es más: el único código que funciona, es el que es bonito... WTF!?
Personalmente cuando tiro código, lo normal es que compruebe que funcione (vamos, si no funciona, como que mal asunto). Pero al mismo tiempo, dentro del código que "sí funciona", me gusta distinguir entre código bonito y feo:
No es lo mismo que un "TODO". Al marcar algo como "TODO", significa que eso está pendiente de hacer, de limpiar, de comprobar... porque no se sabe si funciona bien, o porque directamente falta alguna funcionalidad.
El código "feo", es código que puede tener algún fallo, o puede requerir algún otro test, o que simplemente me gustaría refactorizar algún día cuando tenga tiempo porque creo que se podría hacer mejor, aunque por ahora funcione.
Python, no me deja escribir código feo, por lo que me obliga a apuntar las cosas en TODO por narices. Lo cual me obliga a distinguir TODOs "importantes" de "no tan importantes" de "poco importantes" de "a lo mejor esto ni siquiera es un TODO".
TODOs que no son TODOs... pues no me gusta.
Todos los programadores escriben código bonito
...incluso los novatos y/o paletos que no saben hacer la O con un canuto.
En un lenguaje como C, nada más ver un trozo de código se nota si el programador sabe ordenar las cosas o no, si sabe qué partes son más importantes o no, si sabe qué puede suponer un problema, o cómo ayudar a mantener ese código en el futuro.
En Python, tanto el más experimentado como el más novato, producen código con una pinta parecida. No basta con mirarlo por encima, hay que leérselo y analizarlo para saber si su creador sabe algo o sólo está escribiendo tonterías.
Porque vamos, todo programador escribe para que la cosa compile... y en Python, por narices, hay que hacerlo bonito para que compile.
Eso está mal, muy mal.
Python no usa corchetes
Este parece ser el motivo de usar espaciado para ordenar las funciones, y es que poner mal un corchete -en lenguajes que los usan- puede suponer cagarla de forma estrepitosa. En Python, no se puede cagarla poniendo mal los corchetes; nada más escribir un trozo de código, se ve claramente si está bien espaciado o no.
El problema viene de que para poner bien los corchetes, hay que pensar sobre el flujo lógico del programa. Como mínimo, pensarlo un par de veces, y puede que más. En Python con una sola vez basta, lo que hace que los flujos lógicos estén menos pensados.
Es el mismo motivo por el que los programas en Java rara vez fallan en los flujos lógicos o en integración; la exigencia de ser explícito, obliga al programador a pensarse las cosas 4, 5 o hasta 10 veces. De esa forma, es más fácil detectar fallos, aunque suponga una paliza a la hora de querer cambiar cuatro tonterías.
Conclusión
Un lenguaje potente y completo, con una tonta limitación de rendimiento, y una fuerte pérdida de confianza a la hora de evaluar código ajeno.
Si a eso le añadimos que suele gustarle a gente próxima a la mentalidad universitaria, y por tanto dispuesta a reinventar la rueda cada dos por tres... ya la hemos terminado de liar.
Y es una verdadera lástima, porque tiene algunas cosas muy interesantes.
Hoy me ha llegado un "urgente aviso de entrega". Resulta que alguien me manda una videocámaradigital con lcd y zoom 4x digital.
Vale, una videocámara me vendría bien, pero lcd... puede ser como los de los relojes viejos, y zoom 4x digital como que da un poco de risa, ¿no?
Así que le doy la vuelta a la hojita, y me encuentro con esta preciosidad:
Joer, ¿no podían haber elegido una tinta más clarita, ni un papel más fino? ![]()
Sacando la foto con flash, sobre fondo negro, se pueden leer algunas de las perlas:
Vamos hombre, ¿tan bajo hemos caído ya?
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