Categoria: Mente

De pequeño no te das cuenta, y de mayor muchas veces tampoco, pero según pasa el tiempo y sigues mirando alrededor, se ve cómo las relaciones causales van moldeando a las personas y su entorno.

Una niñez traumática, un corazón roto, un trabajo perdido, hacen que el mundo particular de cada uno se tambalee. Unas veces más, otras menos, unos consiguen mantener el equilibrio y seguir haciendo lo mismo, otros se caen y tienen que volver a levantarse. Otros más, deciden que no les da la gana levantarse, deciden convertirse en mártires y dejarlo todo de lado.

Es especialmente entre estos auto-mártires, donde aparecen los hijos de puta; no les basta con haberse caído, sino que intentan hacer caer a cuantos les rodean, al mismo tiempo culpando a todos de su propia desgracia. Algunos lo llaman "el juego de la culpa", o "pasar el marrón". Unos cuantos se afianzan en estos juegos hasta el punto de convertirlos en un "tira la mierda a matar"... y unos pocos lo hacen sin metáforas.

A esos últimos los llamamos "monstruos", a los anteriores... nada. Como si el paso de uno a otro fuese instantáneo, una delimitación de ahora no, un segundo después sí. Pues no, no es así.

Los monstruos no nacen, crecen poco a poco entre nosotros, cayéndose, hundiéndose más y más, arrastrando consigo a cualquiera que les intente sacar a flote, echando la culpa de todas sus desgracias a quien no quiera hundirse con ellos.

Tras unos años mirando el mundo, a las gentes que lo habitan, te das cuenta de que todos nacemos inocentes... sólo tenemos culpa de las elecciones que hacemos a partir de ahí.

De hecho, "culpa" no es una palabra estrictamente exacta, pues sólo somos lo que nuestros genes y entorno hacen de nosotros. Más correcto sería decir "potencial de responsabilidad hacia otros", que a la larga se reduce a lo mismo:

Debemos ser tratados en función del potencial que representemos, de puteo hacia el resto de personas.

Ese "potencial", mal llamado "culpa", es el que formamos día a día con nuestras decisiones. Cada vez que decidimos agarrarnos a un trozo de madera, o atarnos otra piedra al cuello, cada vez que hundimos o sacamos a flote a alguien, cada vez que aprovechamos las oportunidades que se nos brindan o decidimos conscientemente tirarlas por la borda.

A la larga, ves que hay dos tipos de personas: los que tiran parriba, y los que tiran pabajo. Los segundos deben recibir las ayudas que necesiten... y si aún así las rechazan, deberán ser apartados de la sociedad. Sin miramientos, sin concesiones, sin alargar innecesariamente el daño que causan a su entorno.

Si algún día llegan a darse cuenta de esto, y a cambiar su tendencia, deberían ser reinsertados en la sociedad... pero de esos cambios, hablaré en la segunda parte.

Estaba durmiendo plácidamente, soñando con juegos basados en autómatas celulares multidimensionales, cuando ocurrió.

Me ha mordido un Furby

No sé muy bien en qué parte del mundo virtual encajaba, pero hacían falta monstruos virtuales. Animales, personas, robots, camellos y... bueno, no eran exactamente Furbys, pero se parecían. Una especie de bicho peludo como de 40cm de alto, redondo, con las patitas cortas, ojitos tiernos y una bocaza de lado a lado llena de afilados dientes. Como esponjoso al arrearlo contra una pared.

Su pariente más cercano, un bichito bastante soso que se dedicaba a comer hierba y poco más, era el compañero ideal para los demás bichos del mundo. Este en cambio, era un depredador feroz y despiadado; tonto, pero muy determinado en comerse un brazo. Mi brazo.

Y es que los bichos había que testearlos, ver sus puntos fuertes y débiles, ver cómo encajarían en el resto del mundo y con qué parámetros. No sé exactamente cuál fue el cable que se me cruzó, pero el bicho me saltó encima. Es lo que pasa cuando la imaginación cobra vida.

Por lo menos mantuve la sangre fría suficiente como para testearlo.

Aplastarlo contra una pared... no le hace nada, es como esponjoso (por eso lo sé). Intentar abrirle la boca para que se suelte... no, tiene los dientecitos bien clavados. Meterle hasta que reviente... tampoco, no le hace nada (además, qué asco).

Obviamente se le podría reventar en trocitos pequeños, pero no iba destrozar mi propia creación, ¿no? Además, el brazo... estaba en medio, no mola.

Así que me desperté. Esa parte del cerebro de lagartija que todos tenemos, me despertó ante el "peligro" que se me venía encima. Cachis.

Sobra decir que en la habitación no había ningún Furby, ni gato que se le pareciese, mucho menos en mi brazo. En cierta forma es un alivio. Por otro lado, me habría gustado jugar algo más con él, era un reto. ¿Había creado realmente un ser invencible en su mundo, un depredador en la cima de su pirámide alimentaria con incluso los humanos debajo?

En fin, no se me da muy bien volver a retomar un sueño donde lo había dejado (aunque sigo trabajando en ello), así que poco más puedo decir del bicho por ahora. Interesante la experiencia, eso sí, que tu propia creación ensoñada te muerda ;)

Hace años, 10 o tal vez 15, durante unas vacaciones de verano, tuve ocasión de ver por última vez a mi tía-abuela, que en paz descanse (aunque me temo que no lo haga).

Era una mujer bastante simple, nacida casi en el campo, en una época en la que la educación no era algo prioritario y mucho menos entre mujeres. Nunca llegó a ocupar un puesto realmente activo en la sociedad, viéndolas venir primero durante la 2ª Guerra Mundial, luego con la llegada del socialismo, y más tarde con el apabullante cambio al capitalismo que la pilló con muchos años y casi por sorpresa.

Cuando pude, no tuve la suficiente perspectiva como para aprovechar adecuadamente lo que me pudiese enseñar... aunque supongo que esto siempre lo decimos según ganamos perspectiva. Hoy tampoco habría sido capaz de aprovechar la perspectiva de dentro de 10 años, supongo que es a lo que llaman crecer.

La suerte quiso sin embargo que, sin pretenderlo, me enseñase una valiosa lección.

El último día que fuimos a visitarla (ahora que lo pienso, posiblemente fuese la ultima vez que la vi), ya casi al irnos a despedir, me llamó a la cocina sin que me visen mis padres, y con voz conspiradora me susurró:
- "Toma, para que te compres unas chuches"
En mi mano apareció el equivalente de aquél entonces de unos 5€, y en la otra una bolsa.
- "Y esto porque, en la TV, la abuela se lo da a su nieto y le gusta tanto..."
Una chocolatina.

Le dí las gracias, aún pese a lo surrealista de la situación. No tendría muchas ocasiones de comprarme nada, pues ese mismo día volvíamos en coche a España, y la chocolatina simplemente me dejó de piedra. ¿En serio se creería los anuncios que sueltan en TV? No lo dijo en broma, de eso estoy seguro... habría pues de pensar que sí, que lo decía en serio.

Ese día, aprendí una valiosa lección, la más valiosa de las pocas que recuerdo me enseñase, aunque me conste que de pequeñito me enseñara otras:

La propaganda influye de forma increíblemente fuerte a gente que no está preparada para analizarla.

Desde entonces, veo con otros ojos los anuncios en TV. Una vista más completa, analizando y comprobando lo que presentan, buscando las intenciones y metodologías ocultas a quien no les preste atención, mas influyentes de igual manera. Años más tarde, cuando ya no veo TV, cada cierto tiempo la enciendo para fijarme en los anuncios. No en lo que anuncian, ni en lo que dicen, sino en cómo lo dicen y cómo intentan crear asociaciones e influencias en el espectador.

Y todo se lo debo a mi tía-abuela, a la que estaré más agradecido por esta simple acción, que por su típico sękacz con compota que siempre nos servía, y por la que la recordaré tanto como por sus helechos, el 4º sin ascensor, el taladro que casi me cargo agujereando su techo de hormigón en el baño para instalarle un tendedor para la ropa, la vieja TV y su antena, o la pulcritud de su cocina donde ni una sola gota estaba fuera de lugar.

Desde hace algún tiempo, astrofísicos de todo el mundo, han estado escuchando y a la vez hablándoles a las estrellas. ¿Debe estar en sus manos decidir lo que dicen? ¿Habrá alguien más que otros astrofísicos escuchando? Si es así, ¿hablamos nosotros a la gente que nos escucha, o es sólo una charla entre pirados de las estrellas?

Lanzamos mensajes al espacio, esperando que alguien los reciba. Al mismo tiempo, esperamos recibir otros mensajes que alguna otra civilización hubiese lanzado con anterioridad. Dadas las distancias astronómicas que nos separan, no podemos hablar de comunicación en tiempo real, sólo en tiempos futuros y pasados. Lo cierto, es que estamos hablando a ciegas, sin recibir ni esperar recibir respuesta a lo que decimos, con la vaga esperanza de que alguien, en algún lado, haya estado haciendo lo mismo hace años... o cientos de años... o milenios.

De entre nosotros, son los astrofísicos quienes redactan los mensajes que envían. Desde luego, son quienes dominan la tecnología que usan, y quienes mejor conocen el medio de transmisión. Al ser quienes observan las estrellas, pueden imaginar que quien vaya a recibir sus mensajes serán otros astrofísicos, a su vez extraterrestres. Parece lógico pensar que quien escucha tendrá más probabilidades de acertar a transmitir una información de forma que se pueda escuchar, al fin y al cabo es lo que él querría oír.

Pero no todos los astrofísicos entran en este juego, sólo un selecto grupo -y más en concreto aquellos con acceso a los radiotelescopios más potentes- tiene posibilidades de lanzar al espacio un mensaje que pueda ser realmente interceptado. Su forma de pensar y ver el mundo es la que moldea estos mensajes, que innegablemente

¿Nos gustaría realmente recibir un mensaje de un astrofísico extraterrestre?

Estoy seguro que cualquier astrofísico se volvería loco de placer. Muchos de los que no terminamos de compartir esta adicción por las estrellas, quedándose en mera fascinación, podemos imaginarnos que nos encantaría oír algo, lo que sea.

Pero seamos sinceros, ¿de verdad queremos oír sólo series de números primos? ¿sólo mensajes codificados en base estrictamente a la forma de pensar matemática y científica? Desde luego la matemática deberá ser la base del lenguaje que vayamos a usar, ¿pero debe ser también el único contenido?

Me parecería más interesante hablar al "pueblo llano", y desde luego más interesante para muchos, más enriquecedor para nuestra sociedad al completo. Si algún día conseguimos establecer una comunicación, aunque sólo sea unidireccional, en base a un lenguaje matemático, desde luego sería fascinante perfeccionar este lenguaje y/o comparar notas sobre nuestro conocimiento científico, pero más interesante aún sería poder hablar de arte, de cultura, incluso de política... o más aún de algo que simplemente desconociésemos. Qué mayor reto podría haber, qué mayor interés en recibir una comunicación, que descifrar el sentido de una comunicación que nos ofreciese algo completamente nuevo.

Una nueva rama del comportamiento social, una nueva forma de relación o de ver el mundo. Esto sería lo más valioso que posibles civilizaciones extraterrestres presentes y futuras nos podrían ofrecer nunca.

Así mismo, nosotros podríamos poseer conocimientos o aspectos de nuestra sociedad únicos en el universo, o al menos desarrollados de una forma única. Tal vez no, pero ¿y si es así? Deberíamos buscar la forma de transmitir ese conocimiento, esa consecuencia evolutiva a la que nos ha llevado nuestra evolución particular. Tal vez una sociedad sin política recibiese un empujón evolutivo imprescindible al aprender de nuestras luchas y guerras. Tal vez una sociedad sin arte aprendería a apreciar su entorno antes de destruirlo definitivamente, tras conocer aunque sea un mero apunte de nuestra experiencia al respecto.

Tendemos a pensar que los lenguajes formales completos deberían expresar cualquier relación lógica. Suponiendo que la lógica se cumpla igual en todo el universo, incluso presentar como verdaderas para nosotros algunas relaciones lógicas aparentemente falsas para otra civilización, podríamos estar sembrando la semilla de una transferencia sociocultural sin igual. Estudiosos extraterrestres disertando durante siglos sobre cómo es posible una simple afirmación sobre arte, hasta que alguien diese con la solución, creando una completa rama nueva en su sociedad.

Alguna vez se dijo que una civilización necesita metas. Si no tiene metas que pueda perseguir, acaba por marchitarse y morir. Nuestra meta de establecer algún tipo de contacto extraterrestre es apasionante, y de por sí puede arrastrar adelante la imaginación de gran parte de la sociedad. Pero una vez conseguida, tal vez ya no sea suficiente, tal vez lo que necesitemos sea la meta de comprender el mensaje recibido. Si es demasiado simple, podría dejarnos sin un gran motor para la evolución de nuestra sociedad.

Sería terrorífico pensar que tras recibir un mensaje extraterrestre, nuestra sociedad perdiese una meta con un potencial tan grande. Más terrorífico si cabe, sería pensar que al mandar mensajes relativamente sencillos, se lo estemos haciendo a otras sociedades, dejándolas sin una meta tal vez imprescindible para seguir existiendo.

(Pregunta original vía traducción en el blog de Maikelnai, vía Menéame).

Tomemos dos ejemplos de gradaciones, de menos a más...

Ejemplo 1:

  1. se fue al cielo
  2. pasó a mejor vida
  3. nos abandonó
  4. se murió
  5. la palmó
  6. la espichó

Ejemplo 2:

  1. comprar una botella de zumo
  2. beberse una botella de zumo
  3. guardar una botella de zumo en la nevera
  4. dejar una botella de zumo fuera de la nevera
  5. tirar a la basura una botella llena de zumo
  6. echar el zumo de una botella llena sobre el sofá

Pregunta:

¿Dónde hay una mayor diferencia, entre decir "se fue al cielo" vs. "la espichó", o entre comprar una botella de zumo vs. echar el zumo de una botella sobre el sofá?

Si la respuesta es la primera... lo siento, tienes un problema de organización cognitiva, posiblemente debido a un temprano adoctrinamiento moral o un mal entendido poder de las palabras para cambiar el significado de las cosas.

Explicación:

En el primer ejemplo, todas las palabras se refieren al mismo hecho de la muerte, un antes y un después entre dos estados definidos del entorno, graduados en función de la connotación al referirse al mismo.

En el segundo ejemplo, cada frase se refiere a hechos distintos, ordenados otra vez en función de la connotación al referirse a una parte del hecho: el aprovechamiento del zumo en cuestión.

Es una muestra de falta de tolerancia el anteponer las connotaciones a los hechos, las primeras particulares para cada individuo o conjunto de individuos, los segundos comunes para todos.

Seguimos analizando la complejidad de datos en la que nos movemos estos días, y las previsiones de futuro relacionadas. En la anterior entrada sobre Complejidad de la información hemos visto la horquilla probable de requisitos máximos de almacenamiento accesible por persona, que se situaría entre 2TB y 20PB. Todo esto, sin embargo, se vuelve más turbio al tomar en cuenta otros aspectos.

Cuando empezamos a pensar en el conjunto de la sociedad, y en las interacciones entre sus elementos, vemos más aspectos relevantes:

  • Relaciones de indexación de tercer y cuarto orden
  • Solapamiento de campos y conjuntos de referencias
  • Limitaciones temporales en transmisión y proceso
  • Variabilidad temporal

En primer lugar, cuando necesitamos indexaciones tomando en cuenta más de dos parámetros, la complejidad de la relación crece de forma exponencial con cada nivel, hasta fácilmente superar la capacidad de proceso de cualquier sistema n-dimensional. Dado que la mayoría de sistemas actuales funcionan en solo dos dimensiones, resulta muy fácil superar su capacidad.

Por otro lado, los campos de actuación de los distintos agentes necesariamente han de estar solapados para tener algún sentido mutuo. Este solapamiento entre campos y partes de campos entre una mayor cantidad de agentes, permite reducir a su vez los requisitos de almacenamiento de forma exponencial, e incluso la complejidad de las relaciones (aunque normalmente a un nivel exponencialmente inferior). La compartición e interrelación de conjuntos de referencias permite al mismo tiempo interactuar y reducir la complejidad de todo el sistema.

También están las limitaciones temporales de capacidad de transmisión y proceso por unidad de tiempo, actuando ambas en dos vertientes: reduciendo la complejidad máxima procesable por individuo, y estableciendo límites máximos de capacidad efectiva a lo largo de la vida útil potencial de cada uno.

Por último, tenemos un factor de ampliación en forma de aprendizaje y cambio a lo largo del tiempo, pasando de unos conjuntos de claves y datos a otros a lo largo de la historia. La frecuencia de este cambio viene dada en función de los anteriores parámetros aplicados a cada caso.

Con todo esto, tenemos que 6.700.000.000 individuos potenciales necesitan un alto nivel de solapamiento para organizarse dentro de las 100*7^7 claves máximas por individuo. De hecho, es raro que existan campos de 7^7 completamente aislados de cualquier otro, por lo que estos 100 campos máximos por individuo, no utilizados más de 10 y con un alto grado de solapamiento en la mayoría de los casos, se reducen a aprox. menos de 6.700.000.000*sqrt(100*7^7), o lo que es lo mismo 60.8E12, un valor perfectamente indexable en 64 bit y almacenable como índice en menos de 10PB.

Al menos, aplicado a estructuras lineales en un momento dado... pues la variación histórica hace que la cantidad de datos aumente constantemente, y el uso de estructuras jerárquicas da al traste con todo tipo de predicción relacionada con los datos en sí.

Una peculiaridad de las estructuras jerárquicas, es que aunque no resulte fácil para un mismo agente direccionar más de 7 niveles de forma cómoda, puede utilizar elementos de otros agentes para formar estructuras de 7*7 niveles sin perder la visibilidad de todo el proyecto, y pudiendo extenderla hasta el infinito a cambio de centrarse en una porción concreta. Unido a la capacidad de indexación de conjuntos de datos largos por medio de 7^7 claves por persona, es posible imaginar estructuras eficientes de hasta 7^7^7 o incluso 7^7! elementos. "Muy muchos" tal vez sea la mejor definición.

Desgraciadamente, tanto la historia como las estructuras jerárquicas disparan los ya considerables requisitos potenciales de 10E12 elementos de 2GB, incluso divididos entre 10.000 a ojo de buen cubero, por encima de las expectativas actuales a largo plazo.

De ahí que centrarnos en los datos resulte poco práctico, cuando incluso las relaciones entre ellos, manejables por un humano, pueden llegar a cifras astronómicas. Ya no digamos las relaciones manejables por una máquina con n-ésimo orden de complejidad.

(continuará...)

Una predicción que parece cumplirse, es que el espacio en disco aumenta de forma exponencial. Si nos paramos a pensarlo, es hasta lógico: los datos se guardan en función de la densidad por resolución linear, sobre un sustrato bidimensional. Necesariamente la capacidad de almacenamiento aumenta de forma exponencial respecto a un aumento de densidad que parece mantener un ritmo de aumento más o menos lineal con el tiempo.

Por otro lado, tenemos la velocidad de proceso, que sufre de graves problemas para mantener el mismo ritmo, al necesitar una parte exponencial de cada aumento lineal -convertido en exponencial por un sustrato bidimensional- cancelándose en parte beneficio con requisitos.

Al mismo tiempo, nuestra capacidad de referenciación de datos hace tiempo que ha llegado a su límite, cuando la capacidad de almacenamiento disponible ya casi supera el último salto de magnitud que le quedaba.

Primero fue el texto, luego el audio, ahora el vídeo... y todavía no tenemos una técnica holográfica de consumo.

Esto hace que 2.000.000.000 bytes (2GB) sean un tamaño máximo de elemento (fichero) suficiente para la gran mayoría de aplicaciones de consumo.

Hoy en día, disponemos de discos capaces de almacenar 250 elementos de estos (500GB) a un precio perfectamente asequible (menos de 100€).

Respecto a requisitos mayores por elemento, es poco probable que que avances tecnológicos supongan un salto de más de una magnitud (*1000) en requisitos de almacenamiento. Un posible salto lo supondría la holografía, aunque debido a la naturaleza bidimensional estereoscópica de nuestro sistema de captación visual, su generalización no será tan rápida como la de medios más acordes a nuestras capacidades (texto, audio, vídeo).

¿Qué otros saltos de magnitud nos quedan?

El ser humano, es capaz de almacenar cómodamente unos 7 elementos en memoria a corto plazo. Cada elemento de estos, puede diferenciarse fácilmente de otros 6 (7-1) elementos diferentes, lo que nos da una complejidad de indexación fácil entorno a 7^7 (823.543). Esta es una cantidad de elementos suficiente para desenvolvernos en nuestro entorno cotidiano.

Sin embargo, en concepto de almacenamiento, hace tiempo que hemos comenzado a superar este límite, con el cambio en la forma de procesamiento mental y organización de la información que esto supone. Comenzamos a pasar de ser repositorios y generadores de información, a convertirnos en meros algoritmos neuronales altamente complejos, encargados de procesar y filtrar información para devolver unos resultados.

Esto implica que, para acceder a determinados tipos de información, comenzamos a necesitar la ayuda de estrategias de indexación externa, conservando en memoria operativa sólo un conjunto de referencias a puntos de entrada en el sistema de indexación. Hoy ya se nota este efecto en la diferencia entre estados mentales para "buscar en internet", "programar" y "hablar con gente", incluso más acentuada que la diferencia entre pensar en uno u otro idioma los políglotas... al fin y al cabo, las palabras no superan los 100.000 elementos, casi 10 veces menos que el límite de diferenciación fácil a corto plazo mencionado antes. En la prácita, raro es tener que cambiar entre más de 10 estados operativos, me pregunto cuál será el límite real... por ahora tomemos 100 como un valor máximo razonable.

Juntando estos datos:

  • 2GB por elemento
  • 100 conjuntos de 7^7 claves

Máximo probable de almacenamiento:

aprox. 2TB a 20PB por persona

¿Cuándo llegaremos a esta capacidad?... ya hemos llegado, o casi.

Hoy día, ya estamos cada vez más metido en la parte inferior de esta horquilla, 2TB de almacenamiento se pueden conseguir por menos de 400€. Incluso, tal vez esto mismo sea excesivo, si consideramos nuestra relación en sociedad o parámetros temporales en capacidad de transferencia y proceso.

(continuará...)

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Jaroslaw Filiochowski
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