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Inteligencia social

Un día, hablando sobre las diferentes necesidades educativas de perros, gatos y niños, sin querer ví la luz. Era grande, bonita... y se llamaba Emma.

Pero no iba a hablar de eso. Comentaba sobre la educación, la capacidad cognitiva y una clasificación burda en varios niveles. En función de la percepción, la sociedad, y el entendimiento de las causas y efectos que los gobiernan. En cierta forma, la interpretación de las relaciones de causa y efecto.

Relaciones encadenadas, basadas cada una en la anterior, a modo de proceso cognitivo escalonado. Cuyo conjunto hace surgir unos tipos de estructura o relación social, y no otros.

  1. Al principio, vemos lo que ocurre. Interpretamos si nos afecta o no, si es bueno o malo para nosotros. Aprendemos a evitar lo malo, a buscar lo bueno. Lo malo para mí, lo que me causa dolor, hambre o aburrimiento, es malo. Lo bueno para mí es bueno... ¡y lucharé por ello! Con uñas y dientes. Si me muerden, los muerdo.
  2. Una vez aprendido qué es lo bueno y lo malo, empezamos a prever. Si me mira mal, ¿me morderá? A lo mejor me tengo que apartar, o tal vez morderle... por si acaso, para que aprenda. Le amenazo para que no me muerda, y no me muerde. Me aparto cuando me amenaza, y no me muerde. Amenazar y apartarse es bueno, porque lleva a algo bueno, que no me muerda.
  3. Pero poco a poco, queremos conseguir no solo algo bueno, sino algo mejor. No solo que no me muerda, sino conseguir el hueso más grande. A lo mejor tengo que engañarle, planificar una estrategia para quitarle su hueso. Tal vez si alguien le distrae, pueda conseguir quitárselo mientras no mira. Pero tengo que tener cuidado de que él no me quite mi hueso... tal vez si le prometo al otro parte del hueso, entre los dos podemos conseguirlo. O entre tres... sí, mejor entre tres, aunque yo me llevo la mayor parte.
  4. Empieza a organizarse una sociedad, con unas relaciones de poder, conocimiento y dominio. Colaboramos para quitarle el pan al otro, pero el jefe se queda la mayor parte. Claro que nadie quiere ser el jefe, que si nos pillan es a por quien van. Nosotros solo seguíamos órdenes... en serio. ¿El pan? Sí, estaba bueno, pero casi no nos dio nada.
  5. ¿De dónde salen los productos? ¿Quién los fabrica? ¿Sirven para enseñarles a los niños a ser jefes? Yo quiero productos mejores que los de los otros, para que de mayor me cuiden bien. Y mi país, que es donde tengo cosas para comprar. Cuanto más consiga mi país, más puedo comprar. ¡Viva mi país! Somos los mejores.
  6. Hm, los otros a lo mejor piensan como yo. ¿Debería ir a por ellos abiertamente, o mejor ganarme su confianza y que crean que soy su amigo? Yo quiero mejores productos, pero si la sociedad se va al carajo, me quedo sin nada. Si los otros aplican las mismas meta-reglas a nuestras relaciones, mejor me ando con ojo, no vaya a ser que por defender que está bien partirle la boca a alguien, otro defienda lo mismo de mí. Tengo que andarme con ojo con las normas que defiendo, no vaya a ser que luego me las apliquen. Mejor mantengamos algo de equilibrio. A todo eso, ¿cómo pienso yo?

A lo que iba, es que podemos ver estas fases mezcladas en distintos seres, con distintos grados y respecto a distintos temas.

  • Los gatos, rara vez planifican algo en grupo.
  • Los perros, entienden que un jefe está bien, pero sus grupos son bastante reducidos y simples.
  • Las personas, pueden llegar a entender el concepto de punto de equilibrio en las normas y meta-normas sociales, pero muchos se quedan por el camino. Gritando arengas sobre la superioridad de su país, raza, o algún parámetro similar que les permita identificarse fácilmente con un grupo. Sin pensar demasiado.

Hoy, cortesía de las comunicaciones a escala mundial, cada vez se hace más importante el entendimiento de los puntos de equilibrio. Sin embargo, nos encontramos con una sociedad fragmentada, una gran parte inculta, y en su inmensa mayoría enfrascada en la defensa de sus grupúsculos personales. Mientras el mundo avanza hacia una sociedad aún más integrada e interdependiente.

Tal vez se reduzca todo a una falta de educación. O un fallo de educación. Hay a quien estas consideraciones le parecen totalmente incomprensibles, incluso contrarias al sentido común. Esperemos que ese sea el caso, pues la educación sólo es cuestión de tiempo que impregne todos los estamentos sociales. En cantidades de siglos a veces, pero solo tiempo.

Más grave sería que fuese un fallo intrínseco del normal raciocinio humano. La evolución no parece actuar a la misma velocidad que la educación, podríamos enfrentarnos a milenios enteros. Esperemos que no sea el caso.

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1 comentario

Comentario from: drawess [Visitante] · http://www.google.es
Me ha parecido muy interesante tu post.
03.03.10 @ 13:42

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