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Se suele hablar de cómo las empresas se intentan adaptar a tal o cual cambio del mercado, mientras a las personas se las suele considerar mucho menos propensas al cambio. Curiosamente, suele ocurrir precisamente al revés.
Tal vez el mejor ejemplo de inercia en el mercado empresarial, lo veamos de manos de una de las mayores empresas que supuestamente deberían adaptarse al máximo al mercado para ser exitosas: Microsoft.
Pocos mercados cambian tan rápido como el de la informática, prácticamente inexistente hace 20-30 años, y con tan rápido desarrollo y penetración en todos los estratos sociales en la actualidad. De ser cierta la premisa inicial, sería de suponer que las mayores empresas de este mercado serían entidades altamente flexibles, capaces de adaptarse a los cambios constantes de las condiciones de mercado. Nada más lejos de la realidad.
La experiencia nos demuestra una y otra vez, que la premisa es completamente falsa; por mucho que una empresa hable de flexibilidad, cualquier cambio requiere una reestructuración organizativa y de procedimientos, llegando al extremo de que más de una vez resulte más fácil hacer borrón y cuenta nueva, que adaptar los mecanismos ya existentes. Cualquier cambio en una empresa requiere no sólo de la integración de dicho cambio en los individuos que la conforman -teniendo que vencer la resistencia al cambio particular de cada uno- sino que además verse reflejado en la estructura y procedimientos que la mantienen en pie. Obviamente esto resulta bastante más complejo que el cambio individual de una persona, por lo que la mayoría de empresas son equiparables a grandes moles con una mentalidad prácticamente fija.
Es más, hay un elemento prácticamente imposible de modificar, y es la organización de la cúpula directiva y su relación con el resto de la empresa. Una vez asentada una mentalidad concreta en lo más alto, por muchos cambios que se realicen, todos estarán teñidos de la mentalidad inicial que haya llevado a la organización al éxito.
Cuanto mayor sea su éxito en el mercado, más asentada estará su mentalidad
De ahí que las mayores empresas sean prácticamente incapaces de adaptarse a condiciones cambiantes del mercado que pudiesen afectar a la mentalidad de su cúpula directiva. La única alternativa que queda a este tipo de empresas, es una lucha encarnizada contra la realidad, hasta conseguir modificar el mercado o morir en el intento. Más curiosamente aún, incluso tiempo después de que la dirección original hubiese abandonado la empresa, es muy probable que su mentalidad persista, al haber actuado durante años de filtro a la hora de seleccionar al personal; tanto directamente en forma de selección de candidatos, como indirectamente por el abandono por parte de quienes no encajasen en dicha mentalidad.
Es así que iniciativas como Google supongan un caso curioso, al haber aparentemente adoptado como mentalidad empresarial, precisamente la adaptabilidad a los cambios del mercado. ¿Será posible que este sea el modelo de negocio definitivo? ¿Podrá adaptarse Google no solo a su propio mercado, sino tal vez a otros más dispares?
La respuesta a estas preguntas ya está decidida, en forma de la mentalidad que han impuesto sus fundadores. Veremos si lo han hecho de la forma correcta, y cuántos consiguen imitarles o incluso superarles, a lo largo de los próximos años. Por ahora, y al menos desde fuera, ya parece empezar a notarse un inicio de inercia en la compañía... a ver en qué queda.
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