"Me voy a despertar. Después de una mala noche, por fin he podido dormir, descansar un poco. Control+S, guardar... vaya, no funciona."
Cuentos de terror

Los trabajadores son como niños, hay que hacerles todo. Prepararles la camita, cuidar de que no se hagan daño, castigarlos cuando intentan meter los dedos en el enchufe o esquilar al gato... y a la mínima oportunidad, te vomitarán el potito de cereales encima porque no les has dado la chocolatina de frambuesa que tanto les gusta.
En definitiva, a los empleados hay que limpiarles el culo día y noche, y se te ponen a llorar como frotes demasiado. Como los niños, son incapaces de entender que algo se hace por su propio bien.
Al lado opuesto, tenemos a los empresarios, que se tienen que encargar de la mierda de cada día. En cantidades industriales. Obviamente, a los empleados sacar mierda no les parece un trabajo... salvo que lo tengan que hacer ellos. Quitar pañal, limpiar culo, secar, poner otro pañal. Varias veces al día. ¿Acaso eso no se merece una compensación?
Claro que, luego tenemos al empresario de turno, que nada más ver un culo, aprovecha para meter el dedo... o directamente todo el brazo. Y aprovechando la coyuntura, también tenemos al trabajador que se queja todo el rato, porque cada vez que le limpian el culo, le meten un dedo o dos... sea cierto o no.
Seguimos con el eterno dilema:
¿Cuánto hay que meter el dedo al limpiarse el culo, antes de considerarlo mariconada?
La verdad, no sabría decir. ¿Dónde termina la higiene y comienza la perversión? ¿Qué tiene de perverso, si te gusta y pides más? Tal vez sea una opción personal, tan legítima como cualquier otra.
Tal vez sea por eso, o porque ya no me considero un niño, por lo que prefiero limpiarme yo mismo.
Pero eso no es todo, pues tenemos un último caso, a destacar por su excepcional relevancia, y es el niño asalariado que decide meterse a empresario, esperando que alguien le limpie el culo... y esperando... y esperando... hasta que la peste lo llena todo en 10Km a la redonda.
Vulgarmente, algunos llaman estos casos "fracaso de proyecto emprendedor"; el nombre científico exacto más bien sería bomba fétida de destrucción masiva. Un estado a evitar por todos los medios, y el principal motivo por el que el conflicto empleado-empleador es algo inevitable e imprescindible.
Elíjase la opción de abajo que corresponde al recuadro con interrogación del dibujo de arriba.
Inspirado vía Microsiervos.
Lo sé, tengo que admitirlo, sufro la misma enfermedad que muchos:
Tengo poco morro
¡Uf!... sí, me siento mucho mejor ahora que ya lo he dicho ![]()
Unos dicen que el morro corto es una enfermedad congénita, como los dedos rechonchos o los ojos de cerdo. Otros opinan que el morro hay que ejercitarlo para mantenerlo en forma, no vaya a atrofiarse. También hay quien piensa que el morro es algo más subjetivo, como la longitud del pene o el color de los ojos (gris? verde? nunca se sabe). Sea como sea, parece que yo tengo poco.
La prueba más simple para saber si se tiene poco morro, es compararse con alguien que tenga el morro bien desarrollado, como por ejemplo el señor Bigas Luna -al que llamaremos "sujeto A"- cuyo morro podemos apreciar vía Barrapunto (y Menéame).
"Si hubiésemos logrado algunos céntimos por cada una de estas descargas, estaríamos muchos más contentos"
Bigas LunaSujeto A
Este caso es especialmente interesante con fines comparativos, dado que podemos conocer con precisión la longitud del morro del sujeto A, como bien apuntan en un comentario en Menéame (vía Wikipedia)
Sujeto A:
Yo:
Claramente, mi morro es muy cortito. A muchos nos da vergüenza admitirlo en sociedad, pero lo cierto es que apenas tenemos morro. Pero es cierto, y debemos darnos cuenta del problema para intentar ponerle solución.
"El primer paso para tener más morro, es darse cuenta de que se tiene poco."
Desmorrados Anónimos
Como con cualquier enfermedad mental, esto es lo más duro, aunque imprescindible para conseguir una curación. Sí, yo creo que el morro es una enfermedad mental, su falta digo. Su exceso también, pero ese no es el caso, ¿no?
Una vez admitido que uno tiene poco morro, puede empezar la verdadera terapia. Extensión de morro, alargamiento de morro, morrización, inyecciones de morro... bueno, aunque eso casi mejor se lo dejo a los expertos, "consulte con su terapeuta" como dicen.
Baste saber que el micromorro es una enfermedad que, aunque congénita, es perfectamente curable con ejercicio y dedicación suficiente. Si no, mírese otra vez al señor Bigas Luna: 17 películas basura, ¡y diciendo lo que dice!... pedazo morro, sí señor 
Por mi parte, seguiré practicando a ver si me termino de curar:
Si follase todos los días, estaría más contento.
Lo sé... todavía me falta mucho. Pero por algo se empieza, ¿no? ![]()
En el airepuerto de Barajas
trabajan unas nenazas
que le meten mano
a lo que no lleves cerrado.
Por suerte tenemos, a la pasma fiel
que se dedica a pillarlos, y zurrarles la piel.
Aunque esto no sirva, para evitar todos los robos
en lo que va de año, ya han caído 17 bobos.
Para terminar la cosa, desde la dirección
podemos adivinar, una recomendación:
Si tienes que meter algo, de mínimo valor
viaja con maletas cerradas, un poco mejor.
Aunque luego te la jodan, buscando dinamita
al capullo de turno, la gana se le quita.
Pues si no tiene tiempo, a romperte el cierre
chorando en las demás, su codicia le pierde.
Y esta cosa rima, porque lo dice tu prima
la de las tetas grandes... que ya puestos, me la mandes 
PD: Cuando tengo catarro, a veces se me cruzan los cables. Cuando no, es creatividad.
Pasemos a responder a las preguntas del espectador -o desco... reírnos si corresponde- pues aunque este mes de septiembre ha sido menos movidito, no han faltado cosillas curiosas ![]()



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