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Solemos analizar los sistemas socio-económicos desde el punto de vista de "qué es lo mejor para la sociedad". Este punto de vista es muy honorable, muy positivo al ser nosotros parte de la sociedad... y muy ingenuo. Es muy complicado -por no decir imposible- decidir qué es mejor para la sociedad en sí, dada su variabilidad y libertad en la elección de criterios por los que valora sus propios logros.
Resulta mucho más fácil valorar el "qué es lo menos malo":
Lo menos malo, es lo que hace que haya menos malo.
Por naturaleza, somos hijos de puta, cortesía de millones de años de lucha por la supervivencia. El resto... han muerto por el camino, o lo harán pronto. Claramente es lo que nos ha permitido sobrevivir, por lo que muy malo no debe ser. Aunque, por otro lado, a nadie le gusta vivir rodeado y controlado por hijos de puta... consecuencia lógica de intentar ser cada uno el mayor hijo de puta del barrio.
Así que, podemos concluir que los hijos de puta son malos. A cada uno nos beneficia más que sólo haya uno, uno mismo... o al menos que los otros no nos afecten.
Lo menos malo, es que los hijos de puta nos afecten menos.
¿Cómo conseguirlo?
Alguien que no es hijo de puta, no tiene posibilidades ante un hijo de puta; el segundo se lo comería vivo. Hay que ser hijo de puta para combatir a los hijos de puta... lo cual nos plantea un dilema: ¿cómo combatir a los hijos de puta sin convertirse uno mismo en hijo de puta? No es posible.
La solución, otra vez sencilla: que se combatan entre sí.
Lo menos malo, es que los hijos de puta se muerdan entre sí y nos dejen en paz
Llegamos a otra paradoja: para que los hijos de puta no nos afecten, necesitamos que haya muchos hijos de puta luchando entre sí. "Divide y vencerás", que decían. Cuanto más se dediquen a morderse entre ellos, cuanto más miedo se tengan los unos a los otros... menos pendientes estarán de putear a los que no son como ellos.
Aplicándolo a la socio-economía:
Aquí, un apunte: mucha gente confunde el capitalismo con eso que llaman "capitalismo salvaje", donde unos pocos hijos de puta se hacen con un mercado y se dedican a putear a todo el mundo. Un capitalismo democrático (de muchos hijos de puta) tendrá establecidas leyes -creadas por la mayoría de hijos de puta- que dificultan a un solo hijo de puta hacerse con demasiadas partes del pastel... para putearle, y para evitar que pueda putear a los demás. Los casos de "capitalismo salvaje" son precisamente aquellos donde se reduce el número de hijos de puta capitalistas hasta una cantidad peligrosamente baja.
De todo esto, podemos sacar varias conclusiones:
Desgraciadamente, a muchos les disgusta el término "hijo de puta", por ser -supuestamente- despectivo en vez de simplemente descriptivo. Estos pobres hijos de puta, confundidos sobre la realidad de lo que les rodea, muchas veces con el cerebro lavado por otros hijos de puta, acaban siendo incapaces de analizar la realidad desde una perspectiva tan simple como la arriba expuesta. En vez de eso, se inventan explicaciones sobre qué es "lo mejor", qué es "lo correcto", y otras fantochadas similares con las que acaban puteándose a sí mismos y a los que les rodean.
Por eso, recuerda: ten siempre claro lo que eres, ¡no te avergüences!... hijo de puta. ![]()
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