Una impresionante animación que nos permite hacernos una ligera idea de cómo sería visitar Rama (Arthur C. Clarke) y de las vistas, desafío a la imaginación, que nos podríamos encontrar dentro.
Y aunque el anterior vídeo suple en animación y vistas lo que le falta en realismo, ahí va otro que nos muestra un reflejo más fiel de lo que sería Rama I:
Para terminar, una imagen estática a mejor resolución:
Enlaces:
Estaba durmiendo plácidamente, soñando con juegos basados en autómatas celulares multidimensionales, cuando ocurrió.
Me ha mordido un Furby
No sé muy bien en qué parte del mundo virtual encajaba, pero hacían falta monstruos virtuales. Animales, personas, robots, camellos y... bueno, no eran exactamente Furbys, pero se parecían. Una especie de bicho peludo como de 40cm de alto, redondo, con las patitas cortas, ojitos tiernos y una bocaza de lado a lado llena de afilados dientes. Como esponjoso al arrearlo contra una pared.
Su pariente más cercano, un bichito bastante soso que se dedicaba a comer hierba y poco más, era el compañero ideal para los demás bichos del mundo. Este en cambio, era un depredador feroz y despiadado; tonto, pero muy determinado en comerse un brazo. Mi brazo.
Y es que los bichos había que testearlos, ver sus puntos fuertes y débiles, ver cómo encajarían en el resto del mundo y con qué parámetros. No sé exactamente cuál fue el cable que se me cruzó, pero el bicho me saltó encima. Es lo que pasa cuando la imaginación cobra vida.
Por lo menos mantuve la sangre fría suficiente como para testearlo.
Aplastarlo contra una pared... no le hace nada, es como esponjoso (por eso lo sé). Intentar abrirle la boca para que se suelte... no, tiene los dientecitos bien clavados. Meterle hasta que reviente... tampoco, no le hace nada (además, qué asco).
Obviamente se le podría reventar en trocitos pequeños, pero no iba destrozar mi propia creación, ¿no? Además, el brazo... estaba en medio, no mola.
Así que me desperté. Esa parte del cerebro de lagartija que todos tenemos, me despertó ante el "peligro" que se me venía encima. Cachis.
Sobra decir que en la habitación no había ningún Furby, ni gato que se le pareciese, mucho menos en mi brazo. En cierta forma es un alivio. Por otro lado, me habría gustado jugar algo más con él, era un reto. ¿Había creado realmente un ser invencible en su mundo, un depredador en la cima de su pirámide alimentaria con incluso los humanos debajo?
En fin, no se me da muy bien volver a retomar un sueño donde lo había dejado (aunque sigo trabajando en ello), así que poco más puedo decir del bicho por ahora. Interesante la experiencia, eso sí, que tu propia creación ensoñada te muerda ![]()
We
Bender Bending Rodríguez (mailto: bender@ilovebender.com)

Acabo de ver una hermosa recopilación de diagramas de puentes de mando de Star Trek (vía Microsiervos) y no puedo sino reaccionar como cualquiera que se haya visto todos los capítulos y películas de Star Trek después de haberse pasado años diseñando naves espaciales de pequeño: ponerme a hablar sobre ergonomía y realismo. Unido a mi eterna odisea en pos de construirme la estación de trabajo perfecta, parece algo inevitable ![]()
Está claro que estos puentes de mando son escenarios diseñados para resaltar los valores cinematográficos de una secuencia de guión determinada, sin embargo no hay que subestimar a sus creadores y pensar que sólo se quedan en eso. Aún más: no tenemos por qué quedarnos en el mero sustrato del celuloide, sino que podemos usar estas ideas como punto de partida para discutir aspectos más interesante, y mucho más prácticos.
Por ejemplo, la ergonomía de los puestos de trabajo en relación con las estructuras jerárquicas de organización.
Si contemplamos los puentes de mando, desde las primeras toscas versiones de Star Trek TOS (Constitution Class), vemos que destaca una organización jerárquica clara:
Esta estructura se mantiene en todas las naves de cierto tamaño, permitiendo a cada escalón superior en la jerarquía tomar decisiones basadas en datos cada vez más abstractos, hasta terminar en el capitán -y posiblemente ayudantes- encargado de cumplir con la misión.
El primer fallo que tenemos, es efecto del desarrollo tecnológico de la época, y está en la no-reusabilidad de las estaciones de control.
Es lógico que en los primeros episodios se pensase en aparatos físicos de formas y tamaños concretos para propósitos determinados, pero con los avances en informatización esto carece de sentido. La posibilidad -aunque no obligatoriedad- de centralizar todos los indicadores -y buena parte de los controles- en un mismo panel, debería ser un aspecto esencial a tomar en cuenta al diseñar un puente de mando.
Cierto que determinados controles serán más o menos cómodos para determinadas tareas si tienen una forma concreta, pero no tiene sentido que formen puestos de control únicos para dicha tarea.
El segundo fallo, ilustrado de forma flagrante en el por otro lado estéticamente impecable puente de mando de las naves clase Sovereign, es la necesidad de estar continuamente de pie para acceder a gran cantidad de los controles.
Unido a este fallo, está el de los escalones. Carece de sentido imponer escalones en un lugar que puede hacer falta evacuar de forma urgente, siendo que al integrar el puente en el diseño estructural de la nave no se tiene limitación real al espacio que vaya a ocupar. En todo caso, sería más razonable adaptar el resto de la nave al puente, que no al contrario.
En el puente de las naves clase Galaxy, estos últimos dos fallos están resueltos de forma inteligente por medio de rampas de acceso en un caso, y con asientos extraíbles para los paneles de la parte superior en el otro. Esto permitiría tanto el acceso rápido a gran cantidad de datos en la pared trasera, como trabajar de forma cómoda durante periodos de tiempo más largos en cualquiera de estos puestos.
Quedaría aún el aspecto de tener un fácil acceso a una mayor cantidad de datos desde el puesto del capitán, aunque se podría argumentar que en caso de necesidad este simplemente se podría desplazar a cualquier otro puesto. Concretamente los puestos laterales parecerían aunar asiento, gran cantidad de displays, y una orientación que permite aprovechar la pantalla principal del frente del puente, por lo que podría ser perfectamente posible controlar toda la nave desde cualquiera de ellos.
La alternativa a las estructuras jerárquicas, la tendríamos en la clase Danube, donde tendríamos puestos de control unificados, aunque se le podría echar en falta algo más de diversidad y movilidad.
Para terminar, en el puente de operaciones de la estación espacial DS-9, podemos ver la unión de todos estos fallos plasmada en un solo diseño, completamente centrado en los valores cinematográficos y siendo la antítesis de cualquier planificación razonable (en cierto sentido, como toda la serie DS-9).
Resumiendo los aspectos clave:
Desde hace algún tiempo, astrofísicos de todo el mundo, han estado escuchando y a la vez hablándoles a las estrellas. ¿Debe estar en sus manos decidir lo que dicen? ¿Habrá alguien más que otros astrofísicos escuchando? Si es así, ¿hablamos nosotros a la gente que nos escucha, o es sólo una charla entre pirados de las estrellas?
Lanzamos mensajes al espacio, esperando que alguien los reciba. Al mismo tiempo, esperamos recibir otros mensajes que alguna otra civilización hubiese lanzado con anterioridad. Dadas las distancias astronómicas que nos separan, no podemos hablar de comunicación en tiempo real, sólo en tiempos futuros y pasados. Lo cierto, es que estamos hablando a ciegas, sin recibir ni esperar recibir respuesta a lo que decimos, con la vaga esperanza de que alguien, en algún lado, haya estado haciendo lo mismo hace años... o cientos de años... o milenios.
De entre nosotros, son los astrofísicos quienes redactan los mensajes que envían. Desde luego, son quienes dominan la tecnología que usan, y quienes mejor conocen el medio de transmisión. Al ser quienes observan las estrellas, pueden imaginar que quien vaya a recibir sus mensajes serán otros astrofísicos, a su vez extraterrestres. Parece lógico pensar que quien escucha tendrá más probabilidades de acertar a transmitir una información de forma que se pueda escuchar, al fin y al cabo es lo que él querría oír.
Pero no todos los astrofísicos entran en este juego, sólo un selecto grupo -y más en concreto aquellos con acceso a los radiotelescopios más potentes- tiene posibilidades de lanzar al espacio un mensaje que pueda ser realmente interceptado. Su forma de pensar y ver el mundo es la que moldea estos mensajes, que innegablemente
¿Nos gustaría realmente recibir un mensaje de un astrofísico extraterrestre?
Estoy seguro que cualquier astrofísico se volvería loco de placer. Muchos de los que no terminamos de compartir esta adicción por las estrellas, quedándose en mera fascinación, podemos imaginarnos que nos encantaría oír algo, lo que sea.
Pero seamos sinceros, ¿de verdad queremos oír sólo series de números primos? ¿sólo mensajes codificados en base estrictamente a la forma de pensar matemática y científica? Desde luego la matemática deberá ser la base del lenguaje que vayamos a usar, ¿pero debe ser también el único contenido?
Me parecería más interesante hablar al "pueblo llano", y desde luego más interesante para muchos, más enriquecedor para nuestra sociedad al completo. Si algún día conseguimos establecer una comunicación, aunque sólo sea unidireccional, en base a un lenguaje matemático, desde luego sería fascinante perfeccionar este lenguaje y/o comparar notas sobre nuestro conocimiento científico, pero más interesante aún sería poder hablar de arte, de cultura, incluso de política... o más aún de algo que simplemente desconociésemos. Qué mayor reto podría haber, qué mayor interés en recibir una comunicación, que descifrar el sentido de una comunicación que nos ofreciese algo completamente nuevo.
Una nueva rama del comportamiento social, una nueva forma de relación o de ver el mundo. Esto sería lo más valioso que posibles civilizaciones extraterrestres presentes y futuras nos podrían ofrecer nunca.
Así mismo, nosotros podríamos poseer conocimientos o aspectos de nuestra sociedad únicos en el universo, o al menos desarrollados de una forma única. Tal vez no, pero ¿y si es así? Deberíamos buscar la forma de transmitir ese conocimiento, esa consecuencia evolutiva a la que nos ha llevado nuestra evolución particular. Tal vez una sociedad sin política recibiese un empujón evolutivo imprescindible al aprender de nuestras luchas y guerras. Tal vez una sociedad sin arte aprendería a apreciar su entorno antes de destruirlo definitivamente, tras conocer aunque sea un mero apunte de nuestra experiencia al respecto.
Tendemos a pensar que los lenguajes formales completos deberían expresar cualquier relación lógica. Suponiendo que la lógica se cumpla igual en todo el universo, incluso presentar como verdaderas para nosotros algunas relaciones lógicas aparentemente falsas para otra civilización, podríamos estar sembrando la semilla de una transferencia sociocultural sin igual. Estudiosos extraterrestres disertando durante siglos sobre cómo es posible una simple afirmación sobre arte, hasta que alguien diese con la solución, creando una completa rama nueva en su sociedad.
Alguna vez se dijo que una civilización necesita metas. Si no tiene metas que pueda perseguir, acaba por marchitarse y morir. Nuestra meta de establecer algún tipo de contacto extraterrestre es apasionante, y de por sí puede arrastrar adelante la imaginación de gran parte de la sociedad. Pero una vez conseguida, tal vez ya no sea suficiente, tal vez lo que necesitemos sea la meta de comprender el mensaje recibido. Si es demasiado simple, podría dejarnos sin un gran motor para la evolución de nuestra sociedad.
Sería terrorífico pensar que tras recibir un mensaje extraterrestre, nuestra sociedad perdiese una meta con un potencial tan grande. Más terrorífico si cabe, sería pensar que al mandar mensajes relativamente sencillos, se lo estemos haciendo a otras sociedades, dejándolas sin una meta tal vez imprescindible para seguir existiendo.
(Pregunta original vía traducción en el blog de Maikelnai, vía Menéame).
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