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Hace años, 10 o tal vez 15, durante unas vacaciones de verano, tuve ocasión de ver por última vez a mi tía-abuela, que en paz descanse (aunque me temo que no lo haga).
Era una mujer bastante simple, nacida casi en el campo, en una época en la que la educación no era algo prioritario y mucho menos entre mujeres. Nunca llegó a ocupar un puesto realmente activo en la sociedad, viéndolas venir primero durante la 2ª Guerra Mundial, luego con la llegada del socialismo, y más tarde con el apabullante cambio al capitalismo que la pilló con muchos años y casi por sorpresa.
Cuando pude, no tuve la suficiente perspectiva como para aprovechar adecuadamente lo que me pudiese enseñar... aunque supongo que esto siempre lo decimos según ganamos perspectiva. Hoy tampoco habría sido capaz de aprovechar la perspectiva de dentro de 10 años, supongo que es a lo que llaman crecer.
La suerte quiso sin embargo que, sin pretenderlo, me enseñase una valiosa lección.
El último día que fuimos a visitarla (ahora que lo pienso, posiblemente fuese la ultima vez que la vi), ya casi al irnos a despedir, me llamó a la cocina sin que me visen mis padres, y con voz conspiradora me susurró:
- "Toma, para que te compres unas chuches"
En mi mano apareció el equivalente de aquél entonces de unos 5€, y en la otra una bolsa.
- "Y esto porque, en la TV, la abuela se lo da a su nieto y le gusta tanto..."
Una chocolatina.
Le dí las gracias, aún pese a lo surrealista de la situación. No tendría muchas ocasiones de comprarme nada, pues ese mismo día volvíamos en coche a España, y la chocolatina simplemente me dejó de piedra. ¿En serio se creería los anuncios que sueltan en TV? No lo dijo en broma, de eso estoy seguro... habría pues de pensar que sí, que lo decía en serio.
Ese día, aprendí una valiosa lección, la más valiosa de las pocas que recuerdo me enseñase, aunque me conste que de pequeñito me enseñara otras:
La propaganda influye de forma increíblemente fuerte a gente que no está preparada para analizarla.
Desde entonces, veo con otros ojos los anuncios en TV. Una vista más completa, analizando y comprobando lo que presentan, buscando las intenciones y metodologías ocultas a quien no les preste atención, mas influyentes de igual manera. Años más tarde, cuando ya no veo TV, cada cierto tiempo la enciendo para fijarme en los anuncios. No en lo que anuncian, ni en lo que dicen, sino en cómo lo dicen y cómo intentan crear asociaciones e influencias en el espectador.
Y todo se lo debo a mi tía-abuela, a la que estaré más agradecido por esta simple acción, que por su típico sękacz con compota que siempre nos servía, y por la que la recordaré tanto como por sus helechos, el 4º sin ascensor, el taladro que casi me cargo agujereando su techo de hormigón en el baño para instalarle un tendedor para la ropa, la vieja TV y su antena, o la pulcritud de su cocina donde ni una sola gota estaba fuera de lugar.
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