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Estos días, entre que si la "ley del aborto" y los amigos anti-abortistas por decreto divino, estamos viviendo una de las mayores manipulaciones informativas de los últimos siglos.
El problema no es el "derecho a abortar", ¡sino el derecho a tener hijos!
Aborto libre, SÍ
Reproducción libre, NO
Para los defensores del "creced y multiplicaos", supone una bofetada en toda la cara el pensar que alguien pudiese ver con malos ojos esa multiplicación. Al fin y al cabo, su vida, sus ingresos y su percepción moral de sí mismos, depende de la cantidad de creyentes que consigan generar. La mejor forma de conseguirlos, ofreciendo hospicios y albergues en los que adoctrinar mentes de huérfanos, pobres y gentes desesperadas, a cambio de una limosna o dos que permita sobrevivir y difundir las bondades de la palabra divina.
Esos intereses, llamémoslos reproductivistas, chocan frontalmente con la realidad de un año como... digamos 2009.
A día de hoy, con nuestro afán por erradicar la pobreza, las plagas y las periódicas masacres masivas en tal o cual guerra, hemos conseguido que la población mundial crezca hacia límites insospechados. Peor aún, gracias a los reproductivistas, que enfocan su mensaje a los países más pobres, tenemos una cada vez mayor desigualdad social, generadora de tensiones internacionales y sociales a escala mundial.
Mientras, en los países desarrollados, disfrutamos de servicios sanitarios, ayudas educativas, e incluso ayudas financieras para la supervivencia básica... todo ello costeado de nuestro bolsillo, de quienes trabajamos en estos países.
Cada niño nuevo, nos cuesta dinero.
¿En caso aborto? ¡Nos ahorramos dinero!
Alguno dirá que si la productividad, cuando nos negamos a pagarla a precios locales, prefiriendo importar lo que produzcan nuestros esclavos extranjeros. Otro defenderá el derecho a la protección del ser humano, como contrato social necesario para la convivencia, obviando el detalle de que no hay convivencia social alguna con un no-nato.
La realidad es que los reproductivistas claman al cielo, en un intento de desviar nuestra atención del auténtico problema: el derecho a procrear. Y es que, no, no todas las personas deberían tener derecho a procrear. Mucho menos a criar sus procreaciones.
¿Derecho a abortar? Lo que no forma parte de la convivencia social, no va a afectar a la sociedad, por tanto a mí tampoco.
¿Introducción de individuos nuevos en la sociedad?... Ah, eso sí es algo que me afecta, que voy a tener que pagarlos y convivir con ellos.
Es en los nacimientos donde deberíamos andarnos con mano dura, no en los abortos. Exigir pruebas de capacitación parental, realizar seguimientos y exámenes de rendimiento, así como exigir un informe de cuentas detallando a qué se destinan exactamente los recursos que como sociedad invertimos en nuestra descendencia.
Quien no cumpla, fuera hijos.
Que no estamos como para despilfarrar recursos en permitir a una banda de fanáticos saltarse los derechos y libertades de los hijos que nuestro dinero les permite tener.
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