¿Nunca te has preguntado por qué se venden tantas propiedades en la Luna, mientras que apenas se venden parcelas en Marte?
Mientras en la Tierra se desata la crisis por una sobrevaloración irracional de las propiedades inmobiliarias, hay quien empieza a apuntar ya los próximos objetivos. Estos no son otros que la recalificación de suelos en nuestros planetas vecinos.
Todos nos damos cuenta de que el suelo es un bien preciado y muy limitado. Con los aumentos poblacionales, mas las previsiones de aumento futuro, en muy pocos años no quedará espacio para albergarnos a todos en un mismo planeta. Por esto genios del calibre de Stephen Hawking ya apuntan a que "el futuro estará en el espacio", con lo que obviamente se refiere a la explotación de las propiedades en la Luna, Marte, y otros planetas. Unido a los recientes desarrollos en sistemas de propulsión inerciales, que prometen acortar el viaje Tierra-Marte a solo 15 días, y la investigación sobre propulsores de torsión basados en los teoremas de Alcubierre, las propiedades inmobiliarias de nuestro sistema solar están experimentado una notable revalorización mucho antes de lo esperado.
Sin embargo, en el mercado existen numerosos intermediarios que comprometen parcelas en la Luna, mientras que apenas existen concesiones para Marte. ¿Cómo es esto posible?
La primera explicación que se nos antoja, es la cercanía relativa de la Luna. No solo es que sea fácilmente visible desde la Tierra, objeto de deseo por parte de poblaciones a lo largo de toda la historia, sino que también con el proyecto del ascensor espacial los traslados Tierra-Luna-Tierra experimentan un empuje inesperado. Es de esperar que por tanto la Luna se convierta en el primer objetivo turístico de aquí a pocos años.
Mientras tanto, Marte se perfila como un destino más lejano, requiriendo varios días de viaje para llegar a él. Aunque esto le añade un toque exótico, en nuestra actual sociedad regida por periodos vacacionales de 15 o 30 días, se nos antoja que pudiera ser menor su popularidad entre las agencias de viajes, centradas más en satisfacer las necesidades del cliente medio.
Sin embargo, esta explicación ingenua no puede estar más errada.
Mientras que la luna está más cerca, carece de uno de los principales atractivos de Marte: atmósfera. Para los no iniciados esto puede parecer una diferencia menor, dado que la atmósfera de Marte -al igual que la falta de ella en la Luna- obligaría a los habitantes a desplazarse en trajes espaciales y vehículos presurizados. Lo que muchos olvidan, es la diferencia de costes en la construcción de instalaciones para soportar las inclemencias del vacío, contra la mera incomodidad de una atmósfera reducida.
Es por esto que los principales actores del mercado inmobiliario exoterrestre se muestren reacios a ofrecer propiedades en Marte para la sociedad en general, prefiriendo guardarlas en espera de su más que segura revalorización a lo largo de los próximos años. A medida que la presión demográfica aumente en el planeta madre, la emigración exoplanetaria concentrará sus objetivos en Marte más que en la Luna, que sólo será vista como un paso intermedio y como mucho a corto-medio plazo.
En próximas entregas hablaremos de cómo valorar propiedades en la Luna, Marte, así como en estaciones espaciales y otros planetas.
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